Los number sticks de Baroody: como las regletas, pero divididas en bloques y con el número escrito en el último. Cuentan, no solo miden. Se pueden tumbar o poner de pie, y el color se elige o se quita.
Billetes de 1, 10, 100, 1000… que se agrupan y se desagrupan a mano. La base se cambia con un selector, así que los mismos billetes pasan a valer 1, 6, 36; y la última opción del selector es la base b, con los billetes rotulados 1, b, b², b³.
Se monta un algoritmo de suma o resta con fichas, se ve ejecutarse sobre los billetes, se escribe como una lista de instrucciones para pasársela a otro, y un banco de pruebas busca los casos en los que falla.
El mismo número escrito en egipcio, romano, chino, japonés, babilonio, sumerio, maya o en la base que se quiera. Y un sitio donde inventarse un sistema diciendo solo tres cosas: si es aditivo, híbrido o posicional, cuál es la base y qué símbolos tiene.
Dos fracciones que no hacen lo mismo: una es una cantidad, que se fabrica a partir de la unidad, y la otra un operador, que actúa sobre ella. Sin signo de multiplicar.
El producto de dos fracciones cuando las dos son longitudes: se empieza por la unidad de longitud, se construyen los lados y el rectángulo, y se mide con la unidad de área.
El producto de dos fracciones cuando una es una longitud y la otra un área: se construyen la longitud, el rectángulo y el prisma en tres dimensiones, y se mide con la unidad de volumen.